viernes, 31 de diciembre de 2010

Fin de año (de lechuzas roncas)


Mira, no pido mucho,

solamente tu mano, tenerla

como un sapito que duerme así contento.

Necesito esa puerta que me dabas

para entrar a tu mundo, ese trocito

de azúcar verde, de redondo alegre.

¿No me prestas tu mano en esta noche

de fin de año de lechuzas roncas?

No puedes, por razones técnicas.

Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,

el durazno sedoso de la palma

y el dorso, ese país de azules árboles.

Así la tomo y la sostengo,

como si de ello dependiera

muchísimo del mundo,

la sucesión de las cuatro estaciones,

el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Julio Cortázar, 31.12.1951




Manos que no están, que no puedo agarrar por razones técnicas. Manos que están y me sofocan. Manos que se olvidan que estoy acá. Manos que saludan desde lejos y manos que estuvieron y están; esas que de las cuales me aferré en este año de miseria, de lágrimas, de dolor, de vacíos existenciales y agujeros emocionales. No fue mi mejor año, quizás fue el peor. Por eso deposito todas mis esperanzas en éste que comienza... Yo se muy bien que cuando se desea con el alma y con cada célula de nuestro cuerpo, el universo de apiada un poquitito de nuestra desesperación y nos tira un centro.

Por eso, hoy a las doce, voy a cerrar los ojos por un segundo y voy a desear el mundo inclusive. Total ¿quién me puede decir que lo que quiero es una locura o una estupidez?


Feliz año nuevo 2011. Feliz (con todo lo que eso implica)...

domingo, 31 de octubre de 2010

María .




La muerte es algo inesperado. Es como una correntada de agua, de viento, de miedo que nos sorprende por completo y nos acobarda, nos tira al suelo. Nos estaquea en el más duro suelo, con el más profundo frío. Morir es inevitable, pero los seres humanos somos tan dependientes, tan frágiles, tan débiles que nos aferramos a los otros como si fueran barcos en el medio de la marea, como si fueran el último recurso que tenemos. Pero a veces, (siempre) la luz de las otras personas se acaba, el tic tac de su corazón se detiene, nos dejan, se van.
No estamos programados para la pérdida, pero es inevitable. Es inevitable el hecho de que las personas que amamos van a ir cayendo poco a poco, como los peones de un tablero de ajedrez. No estamos programados para sufrir, pero el dolor es tan grande que te consume el pecho, te come, te desgarra. Querés arrancarte el corazón, dejarlo sobre el andén y subirte a ése tren que te lleve lejos, lejos de todo el dolor, de la desesperanza, de la ausencia.
Porque eso es lo que más cuesta a veces.
Cuesta llegar a la casa donde ésa persona vivió y esperar verla tomándose un té sobre la mesa de la cocina.
Esperar su sonrisa de bienvenida, siempre seguida por los abrazos de algodón y amor de madre que te llenaban el alma.
Esperar verla entrar en la habitación a preguntarte si querés tomar la leche o un té de manzanilla.
Esperar escuchar su risa ensordecedora, ésa risa de campanas de catedral que levanta las palomas, que disuelve la tristeza. Ésa risa que le tiende una mano a tus labios y los invita a sonreír también, porque es inevitable.
Esperar.Esperar en vano.
Esperar a que despierte, no, no te podés haber muerto, vos no, todos me mienten, los médicos son unos idiotas. No me dejes vos también, no me abandones, por favor. Morir es dormir, soñar.. dijo Hamlet; entonces ¿qué hacés que no te despertás? Dale abue, abri los ojos, levantate, levantate que en una semana es el cumple de la Vale, cumple 15.
Esperar una respuesta que nunca llega.
Impotencia. Ira. Rabia. Desconcierto. Desorientación. Tristeza. Resignación. Aceptación.
Todo llega y todo pasa. Sentimos y olvidamos, con tanta rapidez que a veces ni nos damos cuenta.
Todos tenemos una misión en éste mundo, desde el primer llanto del primer segundo de vida. Algunas personas descubren vacunas, otras descubren lugares nuevos, otras pintan obras geniales, algunas inician procesos, y otras simplemente aman demasiado y dejan ése amor desparramado por el mundo. La misión de mi abuela fue ésa : amar demasiado y tener una familia hermosa. Habrá gente que crea que es poca cosa, pero si nos conociera mejor, a mi familia y a mí, se daría cuenta de que no. La luz de ésta persona maravillosa nos tocó a todos y nos estremeció el alma, nos encegueció. Ahora no hay estrellas, no hay Sol, no hay fuego. No hay abrazos de algodón ni risas de campanas; no hay manos de pan blanco ni palabras cariñosas. Hay un hueco grande y profundo, un abismo que se extiende frente a nosotros y nos amenaza.
Pero sin embargo.. sin embargo quedan esos salvavidas de colores, esos puntitos de luz que vemos cuando tenemos los ojos cerrados. Los recuerdos. Los recuerdos nos quedan para siempre, a veces de desvanecen de la mente pero se tatuan el el medio del corazón.
Me quedaron los más hermosos recuerdos de vos abuelita. Me quedó tu perfume riquísimo, tu coquetería, tu risa, la sensación de abrazarte y abrazar el mundo, tu alegría, tu bondad y un millón de cosas más.
Yo se que ahora estás mejor y que estás haciendo lo que vos querés, más viva que nunca. Gracias, por todo.
Te amo abue. Buen viaje.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Cenizas.


Te trajeron. No de cuerpo y alma, pero de palabra.Como un recuerdo atrapado por el anzuelo de la memoria. Hacía mucho tiempo que no pensaba en vos ¿Cuántos años? Más de 20 seguro. Sí, en realidad, 24 años porque cuando te fuiste, Blanca había cumplido 10 años y hoy tiene casi 34.
Demasiado tiempo, demasiado poco tiempo intentando sepultar recuerdos imborrables. Todo mi esfuerzo tirado a la basura, mi empeño de años en no pensar en vos, en querer borrarte, todo se había derrumbado en 3 segundos, con unas simples palabras. Oh, no pienses que te olvidé, jamás lo logré, solo traté se sufrir lo menos posible. Intenté con todas mis fuerzas de mentalizarme de que había terminado, de que te habías ido, que habías desaparecido, llevándote mi corazón, mi alma y el aire con vos, pero desaparecido al fin. Aprendí a fingir que era feliz, hasta que al final lo conseguí. Tal vez no era la felicidad absoluta, completa, pero sí algo aproximado, lo mejor que podía lograr. Tenía que seguir adelante como sea, ya sea poniéndome la máscara de la sonrisa cada día, porque lo que se muestra en el exterior es importante para los otros, aún cuando por dentro podamos estar desangrándonos. Al mundo no le gusta ver al otro sufrir, le parece algo sinsentido, algo lastimero, algo por lo que hay que correr la cara y desviar la mirada.
Te trajeron con la palabra y tu nombre estalló en mis oídos adormecidos y en mi corazón aletargado como balas perdidas.
-Joaquín, ¿sabías que Mercedes volvió a la Argentina?
No creo que nadie haya notado que casi dejo caer la copa con vino que estaba sosteniendo, ni que el color había huido de mi rostro con una increíble rapidez, ni que todo mi interior se había estremecido a causa de la mención del nombre que había creído dejar atrás. Para el resto de mi familia todo seguía igual, sin cambios aparentes.

Tuve que esforzarme para que me saliera la voz, para contestar con naturalidad sin mostrar demasiado énfasis o interés. El cuerpo se me había paralizado, inmobilizado por la avalancha de recuerdos aplastantes que amenazaban con destruirme otra vez. Otra vez, como hacía 20 años, otra vez
De pronto la habitación me pareció demasiado pequeña y asfixiante. Me disculpé y con la excusa de que quería fumarme un cigarrillo en el patio, salí afuera, respirando largos tragos del aire fresco de mayo, que me llenaba los pulmones y me salvaba del colapso.
Así que habías vuelto. Vos, mi ruina y mi perdición; mi abismo y mis sueños; mi todo y mi nada.
Prendí un cigarrillo y me senté en una reposera. Levanté la cabeza y me fijé en la Luna. Demasiado grande, llena y brillante. A vos te gustaban ése tipo de noches, frescas y con el satélite iluminándolo todo.
-¿Viste que es como si la Luna te siguiera a todos lados, con cada paso que das? No podés escapar de ella…- me habías dicho alguna vez. Y pensándolo mejor, agregaste- Yo sí voy a poder, me voy a escapar, a mí no me va a encontrar.
Tu voz de adolescente ilusionada todavía resuena en mis oídos, me duele, me desgarra. Sí, te pudiste escapar, pero de mí, de mis brazos. Desde que te fuiste que no me sentaba a mirar las estrellas, a admirar la noche.
-Tenés que saber admirar las cosas pequeñas de la vida, Joaquín. Como las estrellas…
No…
-Dicen que nada es para siempre; yo creo que algunas cosas sí.
Basta…
-Te voy a amar para siempre, Joaquín, para siempre; eso nunca va a cambiar. Podrán cambiar las flores y el brillo del Sol, pero nunca éste amor tan grande que sentimos…
¡Basta! ¡Basta! ¡Te habías ido Mercedes, te había olvidado!
-Papá, ¿estás bien?- la voz de mi hijo Lisandro me hizo volver a la realidad de mi casa, mi patio.
Me di cuenta de que estaba parado mirando como un loco a la Luna.
-Sí, sí hijo. Sólo tenía ganas de fumarme un pucho. Ya vuelvo.
-¿Seguro estás bien?
No tenía idea del estado de mi semblante, por lo que me limité a entrar junto con él y encerrarme en el baño. Me miré en el espejo y no me reconocí en la imagen que me devolvió la mirada, demasiado pálida. Mientras me aferraba para no caerme, un dilema comenzó a formarse rápidamente en mi interior: ¿me comunicaba con vos? ¿Te pedía que nos viéramos o continuaba viviendo en la ignorancia de no saber sobre tu vida, como en éstos 24 años?
Caminé apurado por el frío hacia la plaza a la que me habías citado, la testigo de tantos encuentros furtivos de adolescencia.
Te había llamado el día anterior, movido por alguna razón que no podía entender. Después de todo, el verte no haría más que arrastrarme de vuelta a lugares que no era sano volver, al menos no para mi cordura. Ya había soportado más de lo que podía soportar una vez.
Cuando te llamé, tu voz había sacudido en mis sensaciones olvidadas, enterradas bajo el peso de años y con la pala de la angustia. Era como el sonido de campanas que mi alma deseaba tanto escuchar, haciendo que las palomas de la Catedral salieran volando, llevándose mis dudas con ellas.
Se suponía que nos encontraríamos hacía 15 minutos, pero yo llegaba tarde como siempre. Vos siempre habías sido puntual, era una de tus virtudes. Mientas caminaba, recordaba el día en que te fuiste. Querías ver el mundo, descubrir sus maravillas y huir de una ciudad “tan común” como era Córdoba en ése entonces. Supuestamente, ibas por un año o dos, pero luego me enteré que te habías casado con un francés y que planeabas quedarte a vivir allá, que eras feliz. Preferiste quedarte allí, lejos, en vez de volver y enfrentarte conmigo y con todo lo que habías dejado atrás. Te traté de cobarde, rompí tus cartas y traté de odiarte pero no pude. Traté de arrancarte de mi cerebro, de mi alma, de mi vida y de mi corazón, lo cual no dio resultados. No lo logré. Sólo podía sentir la fuerza de ése imán que me atraía a vos y me impedía vivir. Y ahora estaba a sólo unos pasos de reencontrarme con vos, de revivir ése pasado imborrable.
Y de golpe te vi. Apareciste sentada en aquel banquito testigo de tantas promesas de amor eterno, de ésas que no pudimos cumplir. ¡Qué enamorados y que tontos!

A medida que me acercaba, podía distinguirte mejor. Estabas tan diferente, pero al mismo tiempo tan igual. Seguías siendo mi Mercedes. Tu cuerpo mostraba las señales claras del paso del tiempo, como el gris que te carcomías las sienes y la mirada cansada, pero verde, ése verde que recordaba con tanto amor. Me miraste y me reconociste. Yo también había cambiado; cargaba con unos cuantos años de más en la espalda y unos cuantos pelos menos en la cabeza. Te acercaste despacio, como movida por el viento frío de otoño que nos rodeaba y me lastimaba el rostro. Sin embargo, entibiaste mi corazón congelado hacía ya tiempo con dos de tus besos, uno en cada mejilla.
-Perdón, la costumbre- Te disculpaste sonriendo, y tu risa y tu voz se rompieron en mis oídos, arrastrándome hasta el ´85 otra vez.
Nos miramos, nos buscamos y nos encontramos, tratando de reconocer en el otro la persona que ambos habíamos dejado atrás. Nos costó. Te propuse ir a un bar que había ahí cerquita, al frente de la plaza y nos sentamos en una mesa al lado de la ventana. Me contaste de tu vida, tus hijos, tu atelier en Francia, tus sueños cumplidos. Te hablé de mis hijos, de mi trabajo, de mis sueños destilados y de aquellos que tuve que colgar.
Quizás nos miramos mucho, quizás hablamos muy poco. Mis ojos te devoraron con el ansia casi febril que había estado conteniendo todos estos años.
Sabíamos no decirnos nada para no arruinar el momento, como así también no exigirnos mucho. Dejaste bien en claro que no querías compromisos, que solo querías verme, que en poco retornabas a Europa. Los dos ya habíamos rearmado nuestras vidas, yo pegando los pedacitos rotos y vos con una relucientemente nueva. No hubo perdones, no hubo llanto, ya no había rencores. Brindamos por el olvido y por el recuerdo, por los mejores recuerdos que me quedan de ésa época: tu risa de plata, tus manos suaves, tus besos trémulos y tu carne palpitante; tus ansias de vivir, tus sueños de adolescente de 16 años, mi esperanza de joven de 20.
Que buenos tiempos, cuando creíamos que éramos capaces de todo. Ojalá yo pudiera gozar aún de tu frescura, de tu perseverancia. Te asustó lo que encontraste, lo sé. Ya ves, las dificultades de la vida me convirtieron en esto que soy, un hombre mayor cansado y vencido, abatido y sin sueños.
Sin embargo, verte me llenó de vida. Tu luz volvió a tocarme. Gracias por eso Mercedes, gracias por hacerme recordar, por no permitir que mi memoria de vos se secara al Sol. Y te dejo un verso de Benedetti, de esos que solíamos leer cuando nos juntábamos hace tanto tiempo:

“Y si beso la osadía y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.”

Espero haber copiado bien tu dirección, y que esta carta te llegue pronto.

Tuyo siempre

Joaquín.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Dos miradas que se cruzaron y que nunca más se volvieron a ver.


Se subió al colectivo, le pagó al chofer con el cospel y sacó el boletito. Miró hacia los asientos y se dio cuenta de que ninguno estaba vacío; que embole, sobre que le dolían las piernas... Hizo dos pasos tambaleándose por el pasillo y se agarró de lo de los asientos del medio. Estaba oscuro, por eso desde el vidrio una chica vestida con su misma ropa le devolvió la mirada. Se deprimió por el estado de su pelo pero le gusto el brillo que le daban las perlitas de las orejas.
Pero advirtió también que no eran sus ojos los únicos clavados en ella. Un par de ojos azules la miraban a dos asientos de distancia, reflejándose ellos también el vidrio del colectivo. Era rubio y tenía una remera amarilla. Desentonaba, resaltaba.
Lo miró, la miró, se miraron. Se pusieron colorados y bajaron la vista, avergonzados. Se turnaron para mirarse, para descubrirse, para adivinar quien era ésa otra persona. Ella se dio cuenta que se estaba acercando al lugar donde tenía que bajar. Ojalá que baje conmigo, ojalá que baje conmigo, ojalá que baje conmigo. Pasó a su lado y justo el colectivo agarró un bache, se movió bruscamente y la sacudió a un costado; lo golpeó con el cuerpo sin querer, y al agarrarse de una baranda para sostenerse, le rozó la mano. Se miraron y se conectaron. El mundo se detuvo. Pare chofer, pare, se lo ruego. Pero la burbuja exploto y la lucidez regresó. Bajó del colectivo sintiendo los ojos del chico en su espalda, y no se soltó de ellos ni siquiera cuando caminaba por la vereda, sólo cuando lo perdió de vista.
Que loco, pensó mientras reía.
Sí, que loco que un desconocido pudiera devolverle a alguien la capacidad para sonreír.

miércoles, 4 de agosto de 2010

una pseudo reflexión


Había una vez un lugar en el que el orgullo y la verguenza iban de la mano...

Declaración.

A veces nos pican las manos vacías, nos duelen los abrazos rotos.
Nos lastiman desiciones que podrian no haber sido así; el buen juicio nos lo guardamos en el bolsillo del jean.
Para mi NO FUERON 6 AÑOS TIRADOS A LA BASURAS sabés? Que tonta, les escribo cartas que nunca que les doy, que cabecean en algún cajón.
Dónde quedó tanto amor?
Se lo llevó el viento?
Se durmió?
Emigró como las golondrinas? Pero hay un poema bonito que dice que volverán, volverán las oscuras golondrinas. Con el Sol.
Entonces que vuelva el amor también.

viernes, 30 de julio de 2010

La estrella más hermosa

Creo que ya iba siendo hora de que vos tuvieras tus renglones en este blog caprichoso. Vos, que sos más mío que mis sueños, más mío que ése lunar arriba de la boca que te gusta tanto, más mío que mi risa (que no me gusta mucho, pero es la unica que me sé).
Vos, que me despertaste después de tanto tiempo. Hay gente que piensa: ¿qué sabe una flaca de 17 años del amor?

Oh, si sé.
Se de lágrimas, de despedidas de una plaza, de corazones rotos hasta la injustia, de llorar de la rabia, de tratar de volvar olvido sobre el recuerdo de una persona.
Se de estar encerrada en una torre aaaalta aaaalta, teniendo miedo de que alguien suba.

Sé de sufrir.
Pero tambíen se de esperanza, de música, de vestidos azules, de té verde, de helados y de paseos. Sé lo que es amar, creanme.
Porque una persona me lo enseñó.
Me enseñó que todo se cura.
Me enseñó que el pasado no es para siempre, mucho menos el dolor.
Me enseñó que las tormentas no lastiman.
Que la mejor forma de recuperar el calor es entre los brazos del otro.
Me enseñó a perderme en laberintos sin fin (¿Te acordás?)
Vos sos esa persona mi amor. Porque por vos puedo ser aire, lluvia, risa, mariposas, gaviotas, mar, sol. Todo.

Y aunque estas palabras las haya coloreado en mil cartas y te las haya dicho mil veces al oído, hoy tuve ganas de escribirtelas.


Te amo más allá de lo que una persona cuerda podria soportar Gamaliel Zezular. No te lo olvides.


























[Me gusta tanto que me encante que quiero hasta la locura desarmarme en el vaivén de tu cintura y naufragarte♥]


lunes, 12 de julio de 2010

Todo se puede. TODO




Hay cosas de las que preferimos no hablar. Cosas que nos dan asco, verguenza, miedo. Cosas que por cierta ley invisible y tácita preferimos callar. O simplemente hay ciertos temas que nos duelen, por eso preferimos ocultarlos a tener que desangrarnos en cada palabra, en cada oración.
Hace unos años, le avisaron a una de las personas que más amo en todo el universo que estaba enferma, que había algo adentro suyo que no iba bien. Cáncer, así se llamaba; ya no tengo miedo de decirlo.
Se me cayó el mundo.
Me caí en un pozo profundo y oscuro, me asfixiaba ahí adentro. Me peleé con Dios; al fin y al cabo ¿por qué ella? Habiendo tanta mala gente en el mundo...Era injusto, muy injusto. Grité y pataleé pero no bajó ningún ángel con alas para consolarme. Nadie.
Me imaginé lo peor, lo peor de lo peor. Para mi ya no había más esperanza. De pronto el tic tac del reloj me apuraba, me pisaba los talones.
Pero esta persona increíble me enseñó que nunca hay que bajar los brazos. Su fuerza me invadió, al igual que a cada persona que pasa cerca suyo. La vida vibraba en cada una de sus terminaciones nerviosas.
Me enseñó que el querer vivir es más fuerte que el poder vivir, me contagió su optimismo. Fueron tiempos de mierda, de crisis, de lágrimas, de bronca (mucha bronca), pero sin embargo sabíamos en cierta forma que todo iba a estar bien. Todo tenía que estar bien.

Y así fue.
Por eso, señoras y señores, aprovéche cada segundo de su vida, cada segundo de las personas que ama. Abracemos, riamos, besemos.
Nos demos gustos. Nos tomemos un helado de chocolate con cerezas, nos compremos ésos tacos que tanto qeremos, nos llevemos el desayuno a la cama. Nos tiremos encima de alguien para despertarlo, por más que sepamos que nos va a odiar.
Veamos un atardecer de la mano.
Respiremos hondo hondo el perfume que ésa persona nos dejó en la campera.
Saltemos en el medio del pogo de un recital.
Hagamos pijamas parties de a dos.
Comamos algodón de azúcar en una plaza.
Tomemos mates con amigos.
Veamos una película de amor.
Nos juguemos por aquel que amamos.
Vivamos.

Nunca sabemos cuando se acaba.






Te amo con todo mi ser
[ Si todo es una foto, yo quiero estar al lado tuyo. ]

sábado, 10 de julio de 2010

Dos en uno.



A veces pienso que somos la misma persona en dos cuerpos diferentes.
La misma alma te acordás?
Amar (te) , lo más hermoso.








[ Brillaba, era una perla. ]

Puf! Así nomás .


Muchas veces nos dan esas ganas increíbles de no estar donde estamos, de desaparecer.
Lo hagamos.
Hoy vamos a cerrar los ojos, fuerte bien fuerte, y a hacer de cuenta que estamos en ése lugar perfecto. Ahí donde todo sale bien, donde nos sentimos felices, completos. Hoy yo quiero desaparecer.

Venís?
[ Es mejor asumir la cobardía de huir que la responsabilidad de vivir ]
Hoy esto yo no lo quiero. Sabelo.

viernes, 9 de julio de 2010

ElBeso


Ventilando el baúl del silencio
le doy aire a la noche
Mirando aquel cuadro, el beso
enredado y envuelto.

Yo te vi encandilada por el sol
Me fundi,encendí el amarillo alrededor de los dos.

Una mano corriendo tu pelo adornado con flores
Encorvado agarrando tu cuerpo,
agarrando tu nombre.

Yo te vi encandilada por el sol
Me fundi, encendí el amarillo alrededor de los dos.


LisandroAristimuño.

jueves, 8 de julio de 2010

De caracoles y recuerdos.


Ayer a la tarde fui al cine con una de mis mejores amigas. La protagonista no me cae muy bien, pero la peli parecia ser interesante.La última canción, se llama. Se trata de que la chica ésta es súper rebelde, la madre la manda a vivir con el padre, el padre vive en una súper casa en una súper playa y la chica se encarrila y encuentra oh! al chico perfecto. Se enamoran.
Amor de verano. Hacia rato que quería inconcientemente escribir sobre esto.
¿Qué es un amor de verano? Todos tuvimos uno alguna vez. Es ésa persona que se cruza en nuestro camino por casualidad, nos despierta la risa, el alma y el corazón. Nos pone toda una familia de mariposas en la panza, de todos los colores; violeta, azul, amarillo, naranja. Nos imaginamos mil quinientas situaciones, derrochamos palabras de amor incalculables, repetimos la frase "Para siempre" más de lo que lo vamos a hacer toda nuestra vida. Y así, tan rápido como llegó, se fue. Volvió a su provincia, a su país. Volvimos nosotros. El resto del tiempo transcurre entre promesas, teléfonos, mails, ilusiones de reencuentro. Más de una vez estuvimos a punto de correr a la terminal y tomarnos el primer bondi que nos llevara hacia él. Lloramos cual novias desconsoladas cuando la realidad nos bajó de un hondazo de la nube. Sufrimos.

Yo tuve un amor de verano. Todavía su recuerdo me trae el olor a sal, a mar, a abrazos de arena, a sol, a barba de náufrago. Lo quise más allá del entendimiento, más allá de los límites de la cordura. Pero ¿quién dice que el amor fue alguna vez cuerdo?
Por eso, señoras y señores, cerremos un ratito los ojos y dediquemosle un pensamiento a aquél amor que, por lejano o absurdo, se quedó entre la arena.

miércoles, 7 de julio de 2010

Aprender a zambar


Ayer, cuando cree este bichito pequeñito hijo mio, me pregunte que nombre ponerle. Queria que fuera algo especial, atractivo, pero identificatorio a la vez. Abri el Ares y le puse el nombre de la primera cancion que encontre; una de Ivan Noble que me gusta mucho. Tristisimo ponerle lo primero que viste Agustina, pensé.
Pero después reflexioné (no es lo mismo que pensar, en mi opinión, la reflexión es algo mas concienzudo ja) ...
El título me hizo acordar a una noche en una fiesta hace mil millones de años luz; esas de 15 por las cual estas loca por ir, a lo mejor ni te cae bien la cumpleañera pero era todo un logro que te invitaran. En pleno auge festivo, mis amigas estaban todas ocupadas, ya sea con un novio, un saliente o una conquista ocacional y yo? Sola. Me senté en una mesa, me saqué los zapatos y ,con una copa de sidra barata cual anciana, me dediqué a ver pasar la noche.
Tristísimo.
Hoy, que puedo ver en perspectiva, me doy cuenta que me quedé ahi porque ningún objeto masculino me sacó a bailar. Patético, con todas las letras.
A ver, señoras y señoritas, arriba! Bailemos solas! Sin necesidad de que algun caballero nos invite.
Bailemos con el viento, ése que siempre está ahí, nos despeinemos. Bailemos con las solteras, las viudas, las enamoradas y las casadas. Con nuestros amigos varones que no saben bailar! Bailemos descalzas, con tacos, con vestidos, con malla, con jean y zapatillas pero bailemos.

Seamos felices por nuestra cuenta!

Me iba a quedar muy largo pero el título adecuado del blog hubiera sido este: La chica que nadie saca a bailar porque ya lo estaba haciendo de antes!

martes, 6 de julio de 2010

A veces Marte y Venus se llevan mal




Hoy, mientras veía unas fotos en la compu de una chica de pelo corto, hija de mi mamá y mi papá, pensaba lo mucho que me gustaría ser especial. Poder tener ojos que transmitan algo de brillo, o una sonrisa con luz. A veces siento que a la mía se le acabaron las pilas. O que mi pelo bailara solo, sin necesidad del viento como partener, como dicen en la tele. O que mis manos fueran delicaditas así, como dos alitas de pájaro a punto de volar. A lo mejor, tener pestañas que rocen el cielo, negras y curvadas.
No te confundas, no es envidia. Es sólo que me agarraste así, cansada. Muchas veces me gustaría ser como vos. Bonita, gracil, con estilo, despreocupada. No te digo que no tengas problemas, porque los tenes.Yo tambíen. Aún así son diferentes entre sí; son como las dos caras de una Pepitos (que comparación estúpida). A ellos no los quiero en mi canasta, gracias.
Pero sabés que me gustaría? Escuchar esa risa tuya de campanas de Catedral sonando fuerte fuerte a la tarde, o en cualquier momento del día.

Extraño que te rías.

Extraño que bailes.

Extraño que seas feliz.

Me gustaría tanto poder abrazarte, que se caiga esa pared gigante que hay entre nosotras.
Pero no me sale; la empujo, la empujo y no me sale.
Todo va a pasar, todo se va a sanar. Como cuando te caíste en la vereda de casa y te lastimaste la frente. Fuimos al hospital y mamá te curó te acordas?
Bueno, así va a ser esta vez...
Ojalá, ojalá...

Te quiero tanto enana, aunque cierres la puerta y no lo puedas ver .