domingo, 31 de octubre de 2010

María .




La muerte es algo inesperado. Es como una correntada de agua, de viento, de miedo que nos sorprende por completo y nos acobarda, nos tira al suelo. Nos estaquea en el más duro suelo, con el más profundo frío. Morir es inevitable, pero los seres humanos somos tan dependientes, tan frágiles, tan débiles que nos aferramos a los otros como si fueran barcos en el medio de la marea, como si fueran el último recurso que tenemos. Pero a veces, (siempre) la luz de las otras personas se acaba, el tic tac de su corazón se detiene, nos dejan, se van.
No estamos programados para la pérdida, pero es inevitable. Es inevitable el hecho de que las personas que amamos van a ir cayendo poco a poco, como los peones de un tablero de ajedrez. No estamos programados para sufrir, pero el dolor es tan grande que te consume el pecho, te come, te desgarra. Querés arrancarte el corazón, dejarlo sobre el andén y subirte a ése tren que te lleve lejos, lejos de todo el dolor, de la desesperanza, de la ausencia.
Porque eso es lo que más cuesta a veces.
Cuesta llegar a la casa donde ésa persona vivió y esperar verla tomándose un té sobre la mesa de la cocina.
Esperar su sonrisa de bienvenida, siempre seguida por los abrazos de algodón y amor de madre que te llenaban el alma.
Esperar verla entrar en la habitación a preguntarte si querés tomar la leche o un té de manzanilla.
Esperar escuchar su risa ensordecedora, ésa risa de campanas de catedral que levanta las palomas, que disuelve la tristeza. Ésa risa que le tiende una mano a tus labios y los invita a sonreír también, porque es inevitable.
Esperar.Esperar en vano.
Esperar a que despierte, no, no te podés haber muerto, vos no, todos me mienten, los médicos son unos idiotas. No me dejes vos también, no me abandones, por favor. Morir es dormir, soñar.. dijo Hamlet; entonces ¿qué hacés que no te despertás? Dale abue, abri los ojos, levantate, levantate que en una semana es el cumple de la Vale, cumple 15.
Esperar una respuesta que nunca llega.
Impotencia. Ira. Rabia. Desconcierto. Desorientación. Tristeza. Resignación. Aceptación.
Todo llega y todo pasa. Sentimos y olvidamos, con tanta rapidez que a veces ni nos damos cuenta.
Todos tenemos una misión en éste mundo, desde el primer llanto del primer segundo de vida. Algunas personas descubren vacunas, otras descubren lugares nuevos, otras pintan obras geniales, algunas inician procesos, y otras simplemente aman demasiado y dejan ése amor desparramado por el mundo. La misión de mi abuela fue ésa : amar demasiado y tener una familia hermosa. Habrá gente que crea que es poca cosa, pero si nos conociera mejor, a mi familia y a mí, se daría cuenta de que no. La luz de ésta persona maravillosa nos tocó a todos y nos estremeció el alma, nos encegueció. Ahora no hay estrellas, no hay Sol, no hay fuego. No hay abrazos de algodón ni risas de campanas; no hay manos de pan blanco ni palabras cariñosas. Hay un hueco grande y profundo, un abismo que se extiende frente a nosotros y nos amenaza.
Pero sin embargo.. sin embargo quedan esos salvavidas de colores, esos puntitos de luz que vemos cuando tenemos los ojos cerrados. Los recuerdos. Los recuerdos nos quedan para siempre, a veces de desvanecen de la mente pero se tatuan el el medio del corazón.
Me quedaron los más hermosos recuerdos de vos abuelita. Me quedó tu perfume riquísimo, tu coquetería, tu risa, la sensación de abrazarte y abrazar el mundo, tu alegría, tu bondad y un millón de cosas más.
Yo se que ahora estás mejor y que estás haciendo lo que vos querés, más viva que nunca. Gracias, por todo.
Te amo abue. Buen viaje.